La acción de “ver” consiste en una acción más social que biológica. Lo que configurará nuestros esquemas interpretativos será en importante medida la educación.
Hoy en día la cultura visual es la que parece tomar especial énfasis en esta función educadora. Que nos veamos inmersos en una cultura visual y de masas no es algo nuevo. Sin embargo, ¿qué ocurre si estas imágenes están mutando? De ahora en adelante no serán representativas sino que interpretarán. Podríamos decir que esta afirmación tampoco resulta reveladora. La diferencia reside en que los referentes de tales interpretaciones ya no son ubicables en la categoría de lo real. Las imágenes cobran una autonomía respecto a convenciones preestablecidas.
Las nuevas plataformas de difusión generan un cambio en la percepción valoración y análisis. Lo que proponía alguien como Walter Benjamin (concretamente en La obra de arte en la época se su reproductibilidad técnica, 1982) es una reformulación de las categorías estéticas. Estas han quedado obsoletas después de la revolución tecnológica.
Esto que planteas es interesante (y el texto de también me lo parece) pero respecto al cambio de modelos identitários señalas, diría que vá aun más allá, mutando no solo la identidad modelo (como pudiera haber pasado en otros tiempos) sino la forma en que esta nueva identidad se adopta. Intento perfilar (creo con poca fortuna) un concepto de identidad abierto, múltiple y en constante proceso de mutación.
ResponderEliminarLa economía (también como factor influyente en el bagaje cultural), diría, es un factor determinante. Intentaba pensarlo en perspectiva; seguramente construir una identidad parcialmente basada en los objetos propios de aquel “colectivo” en el que te inscribes (pensaba en los mods como estandarte de la reivindicación de una cultura de clase media y en todos los que los sucedieron) resultaba costoso a nivel económico, difícil a nivel geográfico y por lo tanto extenso a nivel temporal (amortización sería la palabra?).
La digitalización propone otros ritmos temporales, impone un tercer espacio en el que las distancias largas no existen (y las cortas tampoco) y sobre todo saca al campo de juego a los hijos de aquellos que por ser de clase media/baja se quedaron en el banquillo. Mutar, ser otra “persona”, cada día en second life es gratis, y como señala Cabot ahora «la imagen reproducida o difundida es la realidad, y ésta no existe sin aquella».