domingo, 2 de mayo de 2010

La escucha

Podría ser mas simple (y también más sencillo) pero la complejidad, incluso cunado esta hace las cosas ininteligibles es una de las características más deseables. Podría ser totalmente digital, pero lo analógico que en ellos encontramos se trasforma durante su uso en contenido simbólico. Podría ser más sofisticado, pero también menos accesible. Podría incluso no ser, pero no resultaría igual.
Para la presentación de nuestro proceso hemos formalizado dos objetos. Actúan como contenedores de resonancias, reflexiones y preguntas surgidas durante la presentación, son dispositivos que mediarán el diálogo entre los asistentes.
Una urna de tarjetas que representa el formato más recurrente del azar (seguramente, por su sencillez, representa el formato más recurrente de todas las cosas). Simplemente una forma relativamente anónima de repartir voces.

Un libro en blanco para escribir en colectivo. El libro tiene inserto en un espacio vacío a través de sus páginas, un micrófono de corbata. Lecturas imaginadas que se registran para volverse a narrar estableciendo un diálogo entre ellas. Palabras dichas, que no gozaran de lo efímero que acostumbran (pues serán registradas por una grabadora), pero si permanecerán en la invisibilidad admirable que tiene la comunicación oral. Este objeto es pues custodio de las palabras: las escucha, las contiene y las oculta, pues en el acto de la lectura el libro, que se escribe y se lee al mismo tiempo, actúa también como barrera entre el rostro del lector y sus oyentes.

«Lo importante no es escuchar lo que se dice, sino averiguar lo que se piensa»
Juan Donoso

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